¡Casi no volvemos de Maldivas!

Pocos dudan que Maldivas sea uno de los mejores paraísos que posee la tierra. Islas preciosas, y del agua mejor no hablamos: cristalina y buenísima. Nosotros íbamos a pasar unos días tranquilos, y lo hicimos, pero casi acaban mal…

Hacía un día precioso y nos dispusimos a pescar. Pero a pescar como náufragos, sin caña, ni gafas ni nada, como muchos dirían, a pelo. Hay que decir que con esa agua, se veían todos los peces. Eso sí, cogerlos era casi misión imposible, aunque al final conseguimos pescar un par.

Uno resultó que no era comestible y tuvimos que devolverlo (aún con vida) al agua. Ahí duró menos que una piruleta en la puerta de un colegio: dos tiburoncillos se acercaron y se lo comieron en décimas de segundo.

Nuestros compañeros de baño en las Maldivas
Nuestros compañeros de baño en las Maldivas

En el agua del Índico hay una gran vida marina, con muchas especies de animales. Para entendernos, hay de todo. Nosotros temíamos a los tiburones, cuando nos bañábamos nos pasaban por el lado, e incluso alguna vez nos llegaron a tocar, pero bueno, eran simpáticos.

Como os habíamos explicado, gracias a la transparencia del agua, vimos una serpiente preciosa. Aunque fuera blanca con rayas negras (y a los colchoneros el blanco no nos hacen mucha gracia, sobretodo después de Lisboa) era muy bonita. Mi reacción fue la de atraparla con un cazamariposas para observarla mejor, pero se me escapó y me rozó la pierna.

Maldivas
Esta pinta tenía la serpierte, muy mona, ¿verdad?

Por curiosidad, al llegar al hotel buscamos a qué especie pertenecía. Resulta que esa querida Laticauda Colubrina es una de las serpientes marinas más venenosas del mundo, y si te pica, como dice nuestro querido Frank Cuesta, estás jodido. Y ya me explicaréis que hubiésemos hecho, si me hubiese picado esa serpiente, perdidos en una isla sin hospital, con gente que apenas hablaba el inglés, y a 45 minutos en lancha del hospital más cercano en Malé.