El día en que casi dormimos con serpientes en Australia

Magnetic Island es una isla preciosa: llena de excelentes caminos para ir de excursión y de relajantes playas donde descansar y disfrutar de sus aguas cristalinas. Sin embargo, por culpa de una experiencia que nos hizo pasar un mal rato estuvimos a punto de recordarla un poco peor de lo que realmente es.

Nos alojábamos en Horseshoe Bay, una pequeña población al noreste de la isla. Nada más llegar decidimos ir a descubrir Florence Bay, quizá la mejor de sus playas. En un paraje como Magnetic Island se tenía que ir andando sí o sí a los lugares que se pudiese para deleitarse con su precioso entorno. Así que cogimos la mochila con las toallas, nos atamos las zapatillas e iniciamos nuestra excursión hasta la playa.

El camino era bastante sencillo, a excepción de algunos tramos que requerían un poco más de habilidad. El sol australiano es el que más nos ha mermado: en pleno verano en Phoenix pasamos un calor sofocante, insoportable, pero jamás encontramos un sol tan violento como el de Australia. Si no te proteges bien, los rayos te van comiendo cada centímetro de tu piel. Por lo que aquel día el sol tenía que ser nuestro único enemigo, y lo acabó siendo. Fue el protagonista principal de esta historia.

Australia
Feliz y sin fijarse en el camino

En los meses de más calor es casi imposible bañarse tranquilo en el noreste del país por la presencia de medusas. Y no, no son como las que estamos acostumbrados en España. Son mucho peores, y muchas veces, mortíferas. Es por ese motivo que en Magnetic Island no acostumbra a bañarse nadie en esa época. Nosotros éramos sabedores de eso, pero aunque no pensábamos bañarnos, quisimos descubrir aquel paisaje de cuento.

Nada más llegar a la playa, sorprendidos, vimos que unas 30 personas estaban dentro del agua. Pero, ¿y las medusas? ¿Por qué se estaba bañando tanta gente? ¡Además había muchos niños! Estábamos sofocados. Víctimas de un calor insoportable el agua era irresistible. Finalmente, movidos por la tentación, creímos que si los locales estaban dentro del agua con niños era porque el peligro no era tan grande. Así que sin pensar más de dos segundos, dejamos atrás todas las advertencias que habíamos leído y nos habían dicho, y nos metimos en el agua. Sin duda, nos dejamos llevar por el calor y por la exquisitez del paisaje.

Arthur Bay, la playa llena de medusas
Arthur Bay, la playa llena de medusas

Estuvimos unos 10 minutos dentro del agua. Nadamos de una punta a la otra de la bahía sin notar nada raro. Cuando salimos miramos a la arena y vimos una medusa. Era enorme. La curiosidad nos movió y decidimos dar dos pasos más a la derecha. Vimos otra. Y otra. Y otra, y otra y así unas 50 veces. Inspeccionándolas de cerca, se nos acercó una local con su hijo pequeño y nos dijo: “No las toquéis. Las de aquí son muy venenosas, incluso muertas”. No tuvimos más remedio que preguntarle qué hacía tanta gente en el agua. “Están muy locos”, nos contestó. Se fue, y nosotros detrás. Con el susto en el cuerpo, fue la última vez que nos bañamos en aguas australianas fuera de la red anti-medusas que tienen la mayoría de sus playas.

¡Pero eso fue sólo el principio de la tarde! Al volver, íbamos con el tiempo justo. Para llegar  al apartamento teníamos que andar 1 hora y 15 minutos aproximadamente por el medio del bosque. El sol ya empezaba a mostrar sus últimos rayos de luz. Chocados, estuvimos hablando todo el camino de la suerte que habíamos tenido que no nos picase ninguna medusa.

Australia
Antes de darnos cuenta del error nos paramos a retratar este precioso atardecer

Hablando y hablando, hubo un momento que no reconocimos el camino que estábamos trazando. “Por aquí no hemos pasado”, comentábamos. Quedaban unos 20 minutos para que anocheciera. En ese momento nos temimos lo peor, ya que no reconocíamos nada y el GPS no nos daba señal. En la entrada del bosque había señales que indicaban la presencia de serpientes venenosas. ¡Australia tiene 10 de las más peligrosas del mundo! Además este tipo de animales salen por la noche, cuando la temperatura cae. En esas circunstancias, en un panorama sin luz, temíamos pisar alguna y que nos mordiese, lo que hubiese significado muerte instantánea.

Enseguida dimos marcha atrás e intentamos localizar el punto donde nos equivocamos. Oscureció. Guiados por la linterna del móvil, seguimos en busca de una carretera que no encontrábamos. Finalmente escuchamos coches y guiados por la orientación pudimos evitar pasar la noche perdidos en un paraje muy peligroso.

Aquel día aprendimos muchas cosas. La primera, que no nos podemos fiar de la gente por sus actos, que lo tenemos que comprobar por nosotros mismos. La segunda, que siempre se tiene que marcar el camino y estar 100% pendiente del recorrido para no perderse, sobre todo si estás en un lugar que no conoces y existen peligros. Y la tercera, que la necesidad agudiza el ingenio. Cuando estás perdido y necesitas ir como un tiro, las piernas van solas. ¡Aquél día nos salvamos de una grande!