Diario de viaje: Enemigos en Bondi Beach

Si había un día marcado en el viaje para que el tiempo no nos fallara era hoy. Las predicciones apuntaban un día espléndido, sin lluvias y con un sol esplendoroso durante todo el día. Además, al levantarnos vimos que la predicción no podía fallar de ninguna manera: no había nubes por ninguna parte. Por la mañana solo nos preocupaba una cosa: no quemarnos con el sol abrasador australiano.

Sin embargo, al llegar a Bondi Beach la cosa cambió y el cielo empezó a ponerse feo. Hemos dicho que esperábamos que el tiempo nos fallara porque queríamos hacer la Coastal Walk entre Bondi y Coogee. Para entendernos, este camino que une las playas de Bondi y Coogee por los alrededores del mar, es junto a la Ópera, el principal atractivo de Sydney. Obviamente, con buen tiempo todo luce mejor.

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Que nunca falle el surf en Bondi Beach

De la playa de Bondi Beach no nos esperábamos demasiado habiendo visitado las Maldivas. Aun así, hay que decir que es muy bonita (incluso sin sol). Es alucinante la de surfistas que hay pese al mal tiempo. Además nos llamó la atención lo fría que estaba el agua del Pacífico. ¡Hay que decir que estamos muy bien acostumbrados en el Mediterráneo!

A los pocos minutos de empezar el camino, de 5,5km, empezó a caer una lluvia importante. Suerte tuvimos de coger el paraguas y de poder llegar a un pequeño refugio en el que estuvimos más de 45 minutos esperando a que parase de llover. Pese al panorama, las vistas eran estupendas y será una experiencia que no olvidaremos jamás. Al ver que no paraba, decidimos continuar el paseo, hasta que a falta de unos 1,5km paró. Pero paró, por mala suerte, cuando ya habíamos pasado lo más bonito.

Una de las cosas que nos ha llamado la atención de Sydney, a parte que los semáforos para los viandantes no duran nada, es que a la gente le encanta hacer deporte, sobretodo running. Pues es muy fácil encontrarse a lugareños corriendo por este famoso Coastal Walk. Un apunte, si nosotros viviésemos en Sydney, también lo haríamos. Seguro.

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Uno de los tramos del famoso Coastal Walk

Tras comer en Coogee el tiempo se arregló por completo. Es más, parecía otro día. Por lo que nos miramos y dijimos: hay que hacerlo de nuevo y disfrutarlo con sol. Nos pusimos la crema protectora, andamos los primeros 800 metros, más o menos, y volvieron a caer las primeras gotas. Además, se nos acababa de romper el paraguas que habíamos comprado ayer para salir del paso. Una de las inversiones más cortas de nuestra vida. En fin, la mala suerte se cebó con nosotros de nuevo, por lo que decidimos parar a medio camino y volver al centro de la ciudad, dónde hacía un día de película.

Si hay algo obligatorio que hacer en Sydney, a parte del Coastal Walk (incluso en malas condiciones), es ver anochecer en los alrededores de la Ópera. Eso es lo que hicimos hoy y que nunca olvidaremos.

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Una imagen vale más que mil palabras

Nos encanta Sydney, y aún nos cuesta creer que estamos en una ciudad que siempre hemos pensado que nunca visitaríamos, o al menos, no con 20 años. Pero así de bonita es la vida, que nunca deja de sorprendernos. Pese al jet lag, no hay nada mejor que irse a dormir con esta sensación: estar a la otra punta del mundo y no creértelo. ¿Pero y eso qué importa? La felicidad de viajar está por encima de todo.