Diario de viaje: ¡Nuestro día de suerte en Australia!

¡Buenas a todos! Escribimos hoy porque ayer llegamos cansadísimos de nuestro viaje en autobús entre Airlie Beach y Townsville. Ahora, y desde ayer, estamos en Magnetic Island, una isla de película a sólo 20 minutos en ferry de Townsville. La isla es famosa por sus rutas a pie y por albergar mucha vida salvaje: hay una gran comunidad de koalas, de las más grandes del país.

A parte de la gran diversidad salvaje, las playas son estupendas. Eso sí, de noviembre a mayo está casi prohibido bañarse porque hay muchísimas medusas, muchas de ellas mortíferas. Una de nuestras tres grandes experiencias del día van relacionadas con este aspecto.

magnetic island diario
Pese a las medusas, unas playas de ensueño

Nada más llegar a nuestro alojamiento en Magnetic Island, que es en un camping que tiene opiniones excelentes, vimos pasar a dos canguros por delante de nuestro bungalow. Es genial poder dormir rodeado de naturaleza y vida animal. Además hay muchos koalas cerca de ti, por lo que es estupendo.

Al salir del bungalow dirección a la playa nos pasó la primera del día: se nos cayó la cámara al suelo desde una altura considerable. Cuando abrimos la tapa, el cristal del objetivo estaba roto… ¡pero suerte que pusimos un filtro de prueba antes del viaje! Al final solo se rompió el cristal del filtro, por lo que el objetivo, y la cámara, quedaron intactos.

Magnetic Island no es conocida por tener playas enormes, sino más bien por sus pequeñitas y cristalinas bahías. Como hemos dicho, fuimos hasta la Alma Bay, quizá la más bonita de la isla. Al llegar vimos la gente que se estaba bañando con total normalidad. Había unas 40 personas dentro del agua, y con lo cansados y acalorados que veníamos de los 4km de ruta para llegar a la playa, nos metimos directos.

Estuvimos unos 10 o 15 minutos dentro del agua. Al salir, vimos una cosa transparente en la arena. No nos hizo falta mirar dos veces, era una medusa. Por curiosidad, seguimos mirando y localizamos, al menos, 40 medusas a lo largo de la arena de la playa. ¡No sabéis la suerte que tuvimos!

medusas
Una de las enemigas

Mientras las mirábamos, una lugareña se acercó y nos dijo que no nos acercáramos a los animales, que eran muy peligrosos, y aún muertos podían herirnos. Nos dijo que la gente que se metía en el agua estaba loca y que ahí se habían visto de esas medusas que con una picada te mandan al otro barrio directo. Y sí, hoy lo comprobamos. Mientras nos bañábamos en la playa principal de la isla, en la que hay una red anti-medusas,  nos fijamos en que había un cartel informativo del estado de la playa y también otro que indicaba el tipo de medusas que había, y en caso de picadura, que se debía hacer. ¡Hasta había un manual de reanimación!

En el cartel pudimos ver que muchas de las medusas que vimos ayer eran mortíferas, por lo que no sabéis el alivio que sentimos entonces. De las experiencias se aprende, y hay que tener muchísimo cuidado, porque si nos pica un bicho de estos, en la otra punta del mundo, mal vamos.

wildlife
Las señales no engañan

Y finalmente, decidimos volver al bungalow caminando. El camino era complicado: por el medio de un parque natural y con fuertes pendientes. Normalmente, en lugares que no conocemos, siempre nos fijamos en la ida para reconocer la vuelta, así evitamos perdernos. Entonces sólo temíamos una cosa: que se nos hiciera de noche. En esta parte de Australia el sol se apaga por completo sobre las 18:30h, por lo que salimos con hora y media de antelación. No queríamos andar a oscuras por un parque nacional que no conocíamos.

anochecer
Por lo menos pudimos disfrutar de un bello anochecer

Pues como debéis intuir, sí, nos perdimos. Blanca se puso al mando de vuelta, y no tenía ni idea del camino por el que habíamos venido. Yo, confiado, sólo le miraba los pies para saber dónde pisar. Si os tengo que ser sinceros, a la mitad del camino el trazado dejó de sonarme. Le pregunté a Blanca si a ella le sonaba. Me respondió: “No sé Albert, sólo veo piedras de lo cansada que estoy”. Con su gran respuesta, seguimos. Cada minuto que pasaba veía que nos estábamos liando, hasta que instantes después decidí sacar el Maps y… efectivamente: nos estábamos metiendo en un buen lío. Blanca nos llevaba hasta el oeste de la isla por en medio de un parque natural, mientras que nosotros teníamos que ir al este.

Lo grave ya era inevitable: teníamos que circular de noche por en medio del parque, con serpientes venenosas y animales desconocidos. Pese a lo cansados que estábamos, sacamos las fuerzas de dónde pudimos e intentamos ir lo más rápido posible para evitar que la noche se nos comiera. Tras hacer medio kilómetro casi a oscuras, sólo iluminados con la linterna del móvil, conseguimos salir a la carretera.

Al final lo salvamos, pero no sabéis la suerte que tuvimos. Ahora sólo falta imaginar que el GPS no hubiese encontrado señal, que era totalmente factible, o que no hubiese detectado el camino por el cuál nos habíamos equivocado. O la otra, que yo no me hubiese dado cuenta que íbamos equivocados, porque Blanca iba tan feliz.

En fin, son cosas que pasan cuando se visitan lugares nuevos, salvajes y con cierta dificultad. También hay que decir que no estaba demasiado bien indicado, pero la culpa fue nuestra. Esperemos que estas anécdotas os sirvan a vosotros también y: 1-vigilad con las cámaras, y ponedles filtro, 2- no os bañéis si hay medusas 3-el mapa siempre a las manos y reconoced el camino de vuelta.

Hoy ha sido un día más tranquilo. Hemos subido a The Forts por un camino muy bonito que está lleno de koalas. Sin embargo solo hemos podido ver a uno. Por cierto, precioso. En una hora y media no se ha movido de allí, y creemos que mañana todavía estará en el mismo sitio. Después un poco de playa, y ahora ya preparados para irnos a descansar. Aquí anochece muy pronto, por lo que estamos totalmente acostumbrados al horario australiano: levantarnos a las 7h y dormir sobre las 20h, porque a esta hora no se escuchan ni las moscas. ¡Nos encanta Australia y la aventura!

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Uno de nuestros mejores amigos, un koala salvaje