Diario de viaje: Suerte tuvimos de unos australianos…

En Australia son muy buena gente. Si estás mirando un mapa más de dos segundos con una cámara colgada en el cuello ya tardan en preguntarte si necesitas ayuda. Nosotros hemos tenido la suerte de visitar muchos países, pero hasta día de hoy no habíamos visto esta amabilidad en ninguna parte. Sí es cierto que hay gente que te para en París o en Londres, incluso en Nueva York, pero no a nivel general, sino más bien personal. Esta voluntad de ayudar es cultural en Australia.

Noosa es fantástico. Paseamos toda la mañana por su parque natural e hicimos la ruta tres y cuatro, que rodeaba la costa. Aunque teníamos muchísimas ganas de ver koalas en libertad, fuimos a una mala hora. La mayoría salen al amanecer o al anochecer, por lo que al mediodía no vimos nada. Habrá más oportunidades. Después de comer, y como es habitual, nos decidimos a ir al apartamento caminando. Nosotros siempre vamos con el Maps Offline, ya que nos resulta muy útil por su precisión.

Cuando estuvimos a medio camino descubrimos que algo no iba bien. De repente, la flecha de ubicación nos marcaba la destinación hacia el camino por dónde habíamos venido, por lo que misteriosamente nos obligaba a hacer marcha atrás. A ver quién era capaz de desobedecer a Google… Nosotros no lo hicimos y seguimos sus indicaciones. Parecía algo paranormal, pero le hicimos caso. De repente nos encontramos en otra carretera que no nos sonaba de nada y que no llevaba a ningún sitio.

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Una de las únicas señalas que nos cruzamos era… ¡de koala!

Estuvimos sólo 2 minutos perdidos hasta que un coche se paró. Un golf gris con una mujer al volante y su marido al lado, de unos 65 años. Nos preguntaron dónde íbamos, y al decirles el destino, nos indicaron que íbamos equivocadísimos. Pero lo más fuerte es que añadieron: “os hemos parado porque cada día se pierde gente por esta carretera. El GPS les engaña y nosotros les rescatamos”.  Pues Los Traveleros fuimos uno más y muy amablemente, y a su voluntad, nos llevaron a casa guiados por el GPS, esta vez correcto, de su Iphone. Eso sí, el marido no estaba demasiado familiarizado con el aparato.

Otro rasgo de la buena voluntad australiana. Además nos dieron muchísimo tema de conversa, que siempre se agradece en situaciones así. En fin, una experiencia inolvidable. Ahora ya vamos de camino a Airlie Beach, subiendo el estado de Queensland. A diferencia de Europa, en Australia, cuanto más arriba, más calor.