El racismo es una realidad en Nueva York

El racismo es toda una realidad en Nueva York. Cuando estuvimos el noviembre pasado, el caso del asesinato de un joven negro a manos de un policía estaba muy presente en las calles. De hecho, en Philadelphia nos cruzamos con una manifestación multitudinaria contra el racismo. En la ciudad que nunca duerme, vivimos una experiencia difícil de olvidar.

Estábamos justo delante del edificio del The New York Times, una de las paradas dónde cogíamos el minibus para regresar al apartamento. Los autobuses eran pequeños, con capacidad para unas 15 personas aproximadamente. El conductor te daba la opción de pagar al subir, o de hacerlo al bajar. Nosotros siempre preferíamos pagarlo primero, pero es cierto que alguna vez no llevábamos preparados los dólares y lo pagamos antes de salir.

Uno de los buses que nos llevaba hasta Weehawken

Cuando subimos aquella noche, recordamos haber visto dos personas sentadas, y eran blancas (para nosotros, no hay distinción entre blanco y negro, pero lo especificamos para que entendáis la gravedad de lo que ocurrió). Tal y como era habitual, pagamos al subir y nos sentamos en la primera fila del minibús, aunque minutos más tarde nos arrepentimos de haber cogido esos asientos.

Un minuto más tarde de haber cogido asiento, subió un hombre negro de unos 50 años aproximadamente y fue directamente a sentarse. Segundos después, el conductor del autobús, que era blanco, le rogó seriamente que le pagara antes de arrancar. Eso, encendió al señor que le dijo: “Qué pasa, que me haces pagar con adelanto por ser negro?” Además, le propinó diversos insultos. Nosotros estábamos acojonados, ya que nos encontrábamos justo en medio, incluso nos tocábamos.

Pero lo peor vino entonces, cuando una de las chicas blancas que había llegado antes que nosotros se levantó y dijo: “Este hombre tiene toda la razón. ¿Por qué a mí no me has hecho pagar antes de subir?”. Cuando el hombre oyó, aún se encendió más y se encaró enfadadísimo con el conductor. No llegaron a las manos de milagro porque les separaron. El señor le lanzó de mala manera 50 dólares y le dijo: “Toma, para que veas que los negros también pagamos, como todos, y si quieres te quedas con el cambio”. Lógicamente, el conductor se lo devolvió.

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Justo al bajar del autobús esa noche, delante del apartamento. Las vistas no nos parecieron tan bonitas

La discusión fue tan fuerte que los que estaban dentro del bus se bajaron y se fueron, muchos sin exigir el reembolso del billete. Nosotros, los pardillos, nos quedamos. Al final no supimos el desenlace de la historia, porque nos bajamos antes que el señor, pero lo que sí os podemos garantizar es que lo pasamos realmente mal.

Aprovechamos para denunciar estos casos de racismo, que no solo suceden en Nueva York ni en Estados Unidos, sino en todo el mundo y a nosotros que nos gusta viajar, no soportamos ver este tipo de situaciones. Tal y como dijo Unamuno: “El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando“.