Testigos de un atraco

No nos podemos quejar de lo mucho que viajamos con la edad que tenemos, pero esta experiencia no pasó en casa, en Barcelona. Ya que hablaremos sobre la ciudad, imaginando que en un hipotético caso fuerais turistas, ¿os gustaría Barcelona? Nosotros creemos que nos encantaría y muchas veces no apreciamos lo que tenemos más cerca.

Esta experiencia creemos que nos tiene que invitar a todos a hacer una reflexión. Por suerte, nosotros no fuimos los protagonistas, pero lo hubiésemos podido ser perfectamente. En fin, estábamos tomando algo en un 365 Café, en una de las varias cafeterías que hay en Barcelona. Los locales están muy bien y tienen productos de una gran calidad-precio. En el bar, contando a la baja, había tres mesas ocupadas: la nuestra, la de otra pareja, y la de unos simpáticos turistas alemanes.

El local del establecimiento es bastante amplio y tiene dos puertas de acceso: una principal y otra secundaria. Blanca fue al baño un momento y en ese preciso instante, por la puerta secundaria, entró un chico con coleta que debería tener unos 35-40 años, que no me dio muy buena espina. El chico, primero entró al baño, y a los 3 segundos volvió a salir y dio una vuelta por el bar. Con sus movimientos aun generaba más desconfianza. A diferencia de Blanca, soy muy observador, e incluso a veces demasiado desconfiado.

Al final, Blanca salió del baño y retomamos nuestra conversación. Aquél día de octubre de 2015 estábamos discutiendo en qué hotel nos alojaríamos en las Niagara Falls. Le comenté que aquél chico no me daba buena espina. Blanca tuvo la misma impresión, pero dejamos el tema y le perdimos de vista. Minutos más tarde, no muchos, unos 4 o 5, escuchamos gritar en alemán (que algo entendemos) a los turistas mencionados anteriormente. Ligamos rápido el asunto, les habían robado.

Fuimos rápido a preguntarles qué les habían robado, pero hablaban muy mal inglés. Al final nos enteramos que les habían robado la cámara y un móvil. Ambos los tenían dentro de una mochilita que colgaba de su silla (totalmente fuera su alcance visual). La chica que estaba al servicio del bar llamó a la policía y el oficial llegó en un par de minutos. Nosotros hicimos de intermediarios entre las víctimas del atraco y el policía, ya que este no hablaba inglés, y los otros, regular.

Finalmente, les acompañamos a hacer la denuncia mientras los polis patrullaban por la zona, aunque dijeron que sería muy difícil encontrarlo. No sabemos como terminó el asunto, aunque sinceramente no creemos que los turistas volvieran a Múnich con lo que les habían robado. Primero de todo por la actitud de la policía, segundo, porque no eran capaces de ir solos a comisaría, y tercero porque no se comunicaban con fluidez en ningún otro idioma que no fuera el alemán.

Con esta historia creemos que es un buen momento para reflexionar si somos lo suficientemente prudentes cuando viajamos. Hay que pensar que (por suerte) no les robaron la cartera con la documentación, que podía haber pasado perfectamente. Para evitar que algo así nos pueda arruinar un viaje, siempre llevamos la documentación encima. ¿Y vosotros?

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La cafetería en la que se produjo el robo