Toiletten ist kaput

Tal y como os prometimos ayer os contamos lo que nos pasó antes de dormirnos en el autobús. Aunque parezca mentira, hay alemanes que no saben inglés e incluso personas que trabajan de cara al turista. Pues sí, los dos conductores del bus sólo hablaban alemán y eso fue un gran problema. Al salir de Hamburgo nos avisaron que el baño del autocar estaba cerrado: “Toiletten ist kaput”. Así es, así de expresivos. Hasta aquí entendimos.

Lo que no pudimos hacer fue aguantar las 12h del trayecto sin hacer pis, así que alrededor de las 22h de la noche, justo tras publicar el diario de viaje del segundo día a mi (Albert) me entraron muchas ganas de hacer pis. Y para que a mi me entren tiene que ser inaguantable… El autocar hizo una parada en Göttingen, en la Alemania central en un parking solitario en el que se veía un centro comercial un poco lejos. Bajé del autocar y me dirigi al conductor a preguntarle dónde había baños. Su respuesta fue: “No english. Sorry”. Y añadió algo en alemán que no entendí. Me señaló a lo lejos el centro comercial sin mucha seguridad de que hubiera baños.

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Nuestro querido autobús que nos llevó a München.

Total, que yo también necesitaba saber hasta que hora estaríamos parados para ver si me daba tiempo de llegar. El conductor me lo terminó apuntando en un papel “22:00h”. Eran las 21:52, así que iba un poco apurado. Finalmente ví un Burger King y me metí. Nada más entrar pude ver un muñeco rojo en una puerta con un sombrero. Estaba seguro que era el típico sombrero de copa que hay en los baños de hombres. Nada más abrir la puerta, los de la mesa de al lado me miraron como si estuviera colgado. Yo pensé, joder ¿tanto se me nota que me estoy meando?

Finalmente tras hacer un par de pasos vi que me había metido en el área de personal y que había pisado por primera vez la cocina de un Burger King. Los trabajadores se quedaron flipando, callaron, y antes que tuviesen tiempo de decir algo ya me había marchado. Al final, me dirigí a fuera del restaurante y vi que dentro del centro comercial había un WC público. ¡Sorpresa! Había que meter dinero para mear. ¿Dónde está el problema? No es que sea tacaño, pero es que al bajar del autobús no cogí dinero y no me daba tiempo suficiente como para ir a buscarlo.

Vamos, que necesitaba mear sí o sí porque no sé cuando sería la próxima parada. Abriendo un paréntesis: antes de salir de Hamburgo vimos a un borracho mear en plena calle y nos preguntamos con lo serios que son los alemanes de cuánto sería la multa. Pues ya os imagináis el final. No, no me multaron, pero cometí esa infracción. Pero tranquilos, lo hice en un lugar abandonado, sin que nadie me viera y como dice el dicho: ¡le fue bien a las plantas!